Frío


Un cuento de Eduardo Sacheri que vale la pena escuchar hoy.

Primera parte:

 

Segunda parte:

 

La Independencia


 

La independencia definitiva de los padres se vive cuando uno siente que es autosuficiente económicamente. Por ejemplo, cuando podés gastar todo lo que querés en alcohol sin pensar que tus padres te retarían por malgastarlo de esa forma, porque ya es tu plata y no te pueden decir nada. Seguís siendo un irresponsable, pero sos autosuficiente.

 

Antes que esa independencia, hay otras. Por ejemplo, la segunda independencia llega cuando te vas de la casa de tus padres. Para los que somos de ciudades chicas este hecho llega en la mayoría de los casos cuando nos vamos a estudiar a otro lado.

Muchos estudiantes de 17 o 18 años llegan a grandes ciudades, con los padres que los van a ayudar a acomodar muebles recién comprados o heredados. Tienen la mirada asustada, la cara todavía con acné juvenil y se preguntan cómo se hace un huevo frito. Llegan un par de días antes de arrancar el cursillo de ingreso, para adaptarse y los padres se van 2 o 3 días después, cuando el nene o la nena ya saben cómo ir solos a la facu.

El segundo fin de semana tienen la fiesta de bienvenida que organiza el centro de estudiante para todos los ingresantes y cumplen con su primera borrachera de grado universitario. Y recién ahí, mucho antes de haber aprendido a planchar o cocinar, entienden que son independientes. Comprenden que avanzarán o no en su carrera por su propia decisión, que ser independientes les dará la posibilidad de festejar todos los días que quieran sin que nadie se entere, pero también entienden que se acaban de recibir de adultos.

Para los que viven en la misma ciudad toda su vida y no necesitan irse a otro lado para estudiar esa segunda independencia es mucho más tardía. Llega con un matrimonio de la mano. Hay gente que jamás vive sola. Desde que nacen hasta que se casan viven con sus padres. Desde que se casan hasta que se separan viven con su pareja. Desde que se divorcian hasta que se vuelven a juntar, vuelven a vivir con los pobres padres.

Esta gente nunca vivió cosas hermosas que los que hemos vivido solos conocemos muy bien. Por ejemplo, jamás se han sentado a usar un inodoro con la puerta abierta, no saben que se puede dejar todo tirado sin que nadie se moleste, no disfrutaron de llevar un/a chico/a a la casa sin importar el nombre, algo que difícilmente se puede hacer cuando vivís con tus padres y mucho menos cuando vivís con tu pareja.

 

Pero la independencia que más disfruté fue la primera. Para mí se empezó a gestar en el verano del 89 en el club Democrático Español de Sáenz Peña. Ese temporada íbamos casi todos los días a tratar de no sufrir tanto el calor y mi familia aprovechaba las largas tardes para enseñarme a andar en bicicleta. Como con todos los niños, primero sacaron una ruedita, hasta que vieron que hacía equilibrio. Practicaba dando vueltas alrededor de un gran cantero que había cerca de la pileta hecho con piedras. Luego sacaron la segunda ruedita y me acompañaban sosteniéndome de atrás. Cuando parecía que estaba todo listo me soltaron y pude dar vueltas alrededor del cantero sin ayuda ni problemas. Así como Argentina tardó 6 años en conquistar su independencia, la mía comenzó en ese verano del 89 y terminaría de afianzarla recién 4 años más tarde.

Otra ventaja que tenemos quienes nacimos en pequeñas ciudades es que podíamos andar en bici a cualquier hora del día por nuestra vereda. Las primeras hazañas independientes son en la propia cuadra, donde se nos pueda ver. Así tuve mi primera carrera contra un viejo que pasaba todos los días frente a casa. En la esquina había una casa abandonada y la vereda era más alta que el resto de la cuadra, cuando levanté la rueda delantera para poder subir y tratar de ganar la carrera se me cortó la horquilla y casi me mato.

La segunda instancia libertadora con la bici se da cuando te dejan dar la vuelta manzana. Ahí es cuando se empieza a jugar al ring raje y se descubre que el mundo es más grande y que del otro lado de la manzana hay más amigos para jugar.

Y la primera independencia definitiva llegó a los 8 años. En tercer grado empecé a ir solo a la escuela. Iba y volvía todos los días montando mi bici, excepto los días que me olvidaba que había hecho la ida en dos ruedas y me volvía caminando. Después de un período de prueba en el que demostré que podían confiar en mí, a pesar de mis olvidos, pude comenzar a ir solo al club y a lo de mis amigos.

Nada permite crecer ni madurar tanto como la libertad y la independencia. Por eso deseo que dentro de unos años pueda vivir en un lugar donde mis hijos paseen solos, que vayan a buscar a sus amigos en bici y vayan a hacer travesuras sin que me entere. Y que puedan contar orgullosos:

— Este yeso me lo tuvieron que poner porque hice Willy con la bici, me caí y me rompí el codo.

Y yo me sentiré un hermoso padre cuando le esté lavando los raspones de la pierna y le pregunte qué te pasó y me diga:

— Me estaba haciendo ver con una nena, coletié muy fuerte y me caí.

Un viejo


De repente somos un viejo. Con sus ojos miramos unas manos arrugadas.

Vemos nuestras huellas, las huellas del tiempo, los surcos que la vida nos dejó. Contamos pecas y acariciamos cayos.

Vemos un par de zapatos gastados pero limpios. Levantamos la cabeza y allá vemos dos niños jugando en una calesita. Su madre los observa, cada tanto nos mira y nos sonríe.

Volvemos a observar la mano, detectamos el anillo, lo hacemos girar en el dedo y recordamos. Sabemos que a pesar de todo tuvimos una buena vida. Y sonreímos.

Breve eternidad


Le dijeron que del otro lado del bosque estaba el secreto de la eternidad. Ya tenía algunos elementos para alcanzar la felicidad, pero lo único que le importaba era la trascendencia.

Emprendió la travesía. En el espeso follaje cruzó monstruos dispuestos a devorárselo y hombres que se habían perdido buscando vivir por siempre.

Durante el camino se despojó de la dignidad, y los atisbos de cordura que le quedaban lo hicieron creer que había logrado convertirse en inmortal. La suya fue una eternidad que duró apenas días, hasta que la espesura se lo trago para siempre.

Apuesta perdida


A sus treinta años Ferrer trabajaba de cheff y en el ring tenía un récord de catorce ganadas y ocho perdidas. Y tuvo su gran oferta. Si perdía en el cuarto round, un gran apostador le daría diez mil dólares.

En la segunda vuelta tiró un cross liviano y lento para disimular su falta de interés en la victoria, pero su rival dio un paso al frente en lugar de retroceder y el impacto en la mandíbula fue fatal.

Recordó la amenaza que habían acompañado cuando aceptó la propuesta. Sin los dedos tampoco podría trabajar como cheff.

 

Te digo más


Extraordinario cuento del Negro Fontanarrosa

Usted no me lo va a creer


Creo que pocos merecen que se les dedique este cuento.

En su cumpleaños, va dedicado al Diego.

El arquero del 1-10


Cuando pensamos en el mundial de España 82, los argentinos recordamos que el país estaba viviendo la guerra de Las Malvinas y que el equipo decepcionó quedando eliminado más rápido que lo que cualquier especialista hubiera vaticinado para el último campeón, que llegaba reforzado con el mejor jugador del mundo.Guevara mora

Pero hubo otra selección que se cruzó en el destino de la Argentina y que también vivía una guerra, mucha más sangrienta y que también defraudó a sus hinchas. La guerra civil en El Salvador empezó en 1980, y venía cultivándose desde hacía muchos años de la mano de la guerra fría. En un país que tenía cuatro millones y medio de habitantes murieron en 12 años setenta y cinco mil personas. Miles de familias emigraron y otras tantas quedaron mutiladas para siempre. Sigue leyendo

Homenaje a Sarmiento


Un cuento de Fontanarrosa que viene bien escuchar hoy.

Explicación del mundo de los años 2000, para un niño de los años 3000


No sé qué palabras y qué lenguajes conocerán en tus días, así que trataré de ser lo más claro y paciente posible para explicar todo. De todas formas, espero que tengan una biblioteca abundante. Espero que puedas entender nuestros días, para que comprendas cómo llegaron ustedes a vivir como están viviendo. Sigue leyendo