La espera


La mujer esperaba sentada en una silla, el respaldo contra una de las paredes de la cocina, al lado de una mesa cuadrada para dos personas. Se cebaba los mates directamente de la pava, la yerba ya estaba un poco lavada, demasiado usada estamos, pensó. El mate es algo que usan los argentinos para unirse, para compartir, había leído alguna vez, recordaba esa lectura pero no cuándo había sido la última vez que había compartido un mate con alguien. La luz cálida de la lámpara resaltaba las manchas de humedad del techo, hacía rato que había dejado de escuchar al locutor de la radio. Estaba en esa posición hacía casi una hora, desde que había empezado a esperar, pero podría decirse que estaba hacía años allí, todo era parte de la misma rutina, la silla, los mates, la radio, la humedad, la frustración, el miedo, incluso la espera.
Cada tanto al abrir los ojos y sentir que el otro lado de la cama todavía estaba tibio pensaba en que ese día podría ser diferente, que podría hacer algo para escapar de la rutina o de la vida. Con que tomara una sola decisión que fuera nueva, algo ya podría desencadenarse. Pero apenas apoyaba los pies desnudos sobre el suelo, el frío le subí hasta los hombros y allí sentía un meteorito que la aplastaba y la hacía encorvar la espalda. Entonces iniciaba el día arrastrando los pies, como si estuvieran cargando grilletes repletos de emociones y la cadena no pudiera cortarse por ningún lado. El ruido de sus pies arrastrándose por el suelo de esa casa la hacía caer en su realidad y volvía a hacer cada movimiento de idéntica forma al día anterior, y al año anterior.
Sentada en la cocina con el mate casi tibio ya, terminando su día, la concatenación de mínimas rutinas tenía un epílogo fatal. Ella podía sentir el motor del auto apagarse, los pasos hasta la puerta, el llavero tintineando en el aire, el metal entrando por la cerradura como una espada , la primera vuelta de la llave y la segunda, el chirriar de la puerta al abrirse y al cerrarse, y finalmente su voz. El frío volvía a subir desde los pies hasta los hombros.

Anuncios

Cambios de épocas


Hace un par de siglos los reyes jugaban al ajedrez humano, invitaban a sultanes o reyes de otras tierras, ellos mismos eran los estrategas que ordenaban a jinetes moverse por el tablero arriba de caballos, hacían adelantar torres de combate empujadas por varios hombres y empujaban en afiladas diagonales a sus alfiles. Cuando los juegos eran más bélicos, los más valientes de los reyes se ponían a la cabeza de su tropa y avanzaban por tierra o mar hacia la batalla para aumentar sus territorios o defender los límites de su geografía.
Como el ajedrez es un juego intelectual y ya no tenemos muchos reyes ni presidentes ni sultanes intelectuales, el tablero monocromático ha quedado archivado en los placares de niños y nuestros líderes prefieren jugar al Risk humano, en el que sentados en una cómoda y segura oficina ordenan a un general que desde un cómodo y seguro cuartel envíe una tropa para que dispare un puñado de misiles desde un portaaviones. Una vez cumplida la misión, el mismo líder, desde la misma oficina, autoriza a las empresas amigas a pasar a recolectar lo botines de guerra por el nuevo país conquistado.

 

Publicado originalmente en: escribeconnosotros.wordpress.com

Mis libros


Desde hace varios años escribo cuentos. Hace poco comencé a separarlos y armé 3 libros, 2 con ciertos ejes temáticos y uno que es una colección de 32 cuentos.

Para los que aman la lectura, acá les ofrezco la oportunidad de conocer mis escritos. De paso nos ayudan a poder viajar sabiendo que alguien se ocupa de nuestras finanzas.

Pueden hacer clic sobre el título que les interese para ir a ver el resumen en Amazon, ahí siguen los pasos para comprarlo.

Anécdotas infantiles: Cuentos que revelan una vida

Visita oficial y otros cuentos

Una Caricia Divina: y otros cuentos de fútbol

María de los vientos


Maria de los vientos

Caminamos con nuestras mochilas los cuarenta y cinco minutos que separaban la iglesia de Copacabana con la zona agrícola donde vivía María. El paisaje cada vez se hacía más rural y el aire más liviano. Cambiamos vendedores de tours por ovejas,  cerdos e historias de perros salvajes.

La casa de María lucía abandonada y no era solo una imagen. Acababa de mudarse al hogar de una campesina, que le prestaba el lugar a cambio de que lo pusiera en orden después de estar deshabitado por cinco años. María abrió una puerta de madera hinchada que comenzaba a podrirse, señaló y sonriendo nos avisó:

— Esa es su habitación, van a tener que arreglarla. Yo los ayudo a limpiar. Sigue leyendo

Frío


Un cuento de Eduardo Sacheri que vale la pena escuchar hoy.

Primera parte:

 

Segunda parte:

 

La Independencia


 

La independencia definitiva de los padres se vive cuando uno siente que es autosuficiente económicamente. Por ejemplo, cuando podés gastar todo lo que querés en alcohol sin pensar que tus padres te retarían por malgastarlo de esa forma, porque ya es tu plata y no te pueden decir nada. Seguís siendo un irresponsable, pero sos autosuficiente.

 

Antes que esa independencia, hay otras. Por ejemplo, la segunda independencia llega cuando te vas de la casa de tus padres. Para los que somos de ciudades chicas este hecho llega en la mayoría de los casos cuando nos vamos a estudiar a otro lado. Sigue leyendo

Un viejo


De repente somos un viejo. Con sus ojos miramos unas manos arrugadas.

Vemos nuestras huellas, las huellas del tiempo, los surcos que la vida nos dejó. Contamos pecas y acariciamos cayos.

Vemos un par de zapatos gastados pero limpios. Levantamos la cabeza y allá vemos dos niños jugando en una calesita. Su madre los observa, cada tanto nos mira y nos sonríe.

Volvemos a observar la mano, detectamos el anillo, lo hacemos girar en el dedo y recordamos. Sabemos que a pesar de todo tuvimos una buena vida. Y sonreímos.

Breve eternidad


Le dijeron que del otro lado del bosque estaba el secreto de la eternidad. Ya tenía algunos elementos para alcanzar la felicidad, pero lo único que le importaba era la trascendencia.

Emprendió la travesía. En el espeso follaje cruzó monstruos dispuestos a devorárselo y hombres que se habían perdido buscando vivir por siempre.

Durante el camino se despojó de la dignidad, y los atisbos de cordura que le quedaban lo hicieron creer que había logrado convertirse en inmortal. La suya fue una eternidad que duró apenas días, hasta que la espesura se lo trago para siempre.

Apuesta perdida


A sus treinta años Ferrer trabajaba de cheff y en el ring tenía un récord de catorce ganadas y ocho perdidas. Y tuvo su gran oferta. Si perdía en el cuarto round, un gran apostador le daría diez mil dólares.

En la segunda vuelta tiró un cross liviano y lento para disimular su falta de interés en la victoria, pero su rival dio un paso al frente en lugar de retroceder y el impacto en la mandíbula fue fatal.

Recordó la amenaza que habían acompañado cuando aceptó la propuesta. Sin los dedos tampoco podría trabajar como cheff.

 

Te digo más


Extraordinario cuento del Negro Fontanarrosa