Frío


Un cuento de Eduardo Sacheri que vale la pena escuchar hoy.

Primera parte:

 

Segunda parte:

 

Te digo más


Extraordinario cuento del Negro Fontanarrosa

Usted no me lo va a creer


Creo que pocos merecen que se les dedique este cuento.

En su cumpleaños, va dedicado al Diego.

Homenaje a Sarmiento


Un cuento de Fontanarrosa que viene bien escuchar hoy.

Un granadero


Un granadero, Un cuento de Manuel Mujica Láinez

1850Mujica Lainez

El indio Tamay alquila en la Recova un cuarto pequeñito. En él vende, hace muchos años, estampas, escapularios, ropa hecha y, algunos días, empanadas y tortas. Desde la mañana, cuando la estación lo permite, se sienta bajo las arcadas aguardando a los compradores y aventándose con una hoja de palmera.

En invierno, el indio no se aparta del brasero sobre el cual se calienta la pava del mate. Al anochecer regresa sin apurarse a su rancho del barrio de la Concepción. Arrastra la pierna lisiada; a un costado de la chaqueta, la manga izquierda, vacía, hace ademanes absurdos. Perdió el brazo en la rendición del Callao, en 1821; Sigue leyendo

3×1 de Jacques Sternberg


El empleado de correo

En los diez años que había vivido enjaulado detrás de la ventanilla, al fondo de la vasta oficina de correo, el empleado no había recibido una sola queja.

Recibía, canjeaba, entregaba, anotaba, estampillaba, sellaba, firmaba, contaba y devolvía. Todo lo hacía con una calma perfecta, sin el menor nerviosismo y siempre afable, cortés, sonriendo sin pausa a vecinos, a clientes, a vigilantes, al mundo entero, a todas las cosas, a él mismo… A su día de trabajo. Ante todo, su trabajo, que el empleado juzgaba una tarea muy fastidiosa, pero soportaba gracias a una pequeña obsesión estrictamente personal. Sigue leyendo

Dos cuentos de la cubana Mercedes Melo


El niño

Me imagino una casa más bien antigua, sobre todo anticuada, deslucida, con iluminación artificial, escasa. Los muebles, pocos, viejos y desgastados, pero que alguna vez fueron de calidad, tal vez los restos de un juego de sala o de comedor renacimiento español. Ambiente general no muy aseado. Se mezclan algún adorno (jarrón, portarretratos) de cierto valor estético (¿antiguos?), con piezas de yeso, excesivamente coloridas y ridículas. Si alguna vez se pone la mesa es preciso mostrar un cuidado excepcional para montar un mantel desgastado, con manchas viejas y una vajilla mezclada, pero puesta como si se tratara de una mesa de lujo.

Intemporal: puede darse la impresión de una casa habanera, pero de un barrio periférico; no insistir en los tópicos manidos de la arquitectura colonial, medios puntos, vitrales, rejas. Sigue leyendo

Una casa de verano


Cuento de Doris Lessing

http://es.wikipedia.org/wiki/Doris_Lessing

Durante mucho tiempo después de la guerra había por todas partes en Londres lugares llamados “sitios bombardeados”, y estos podían ser terrenos baldíos en donde los escombros habían sido despejados y en los que crecían adelfas formando jardines con árboles jóvenes y pájaros, o edificios que parecían estar enteros hasta que uno doblaba la esquina y veía una fachada sin soporte alguno o una casa cuyo techo o ventanas se nos presentaban como si fueran trozos de un encaje hecho añicos. Podía haber una manzana entera donde los restos de edificios parecían fotografías de explosiones de bombas, como si un viento lo hubiese aplastado todo. O de pie, sobre un sótano lleno de agua oscura, se podía observar el esqueleto de una casa con un hueco en la pared que dejaba ver una bañera rajada y tumbada de costado. Todas estas ruinas tenían letreros en los que se leía “Prohibida la entrada” y “Peligro: prohibida la entrada a los niños.” Sigue leyendo

Las siamesas Benn


Un cuento de Juan José Burzi

(Una cama, una lámpara sobre una mesita de luz y una cajonera con tres niveles. Todo es austero, es el cuarto de un hospicio. Los elementos –incluidas las sábanas y las frazadas– son de segunda mano. En la cama, vistiendo un camisón, Lavinia y Drusila están tapadas hasta el pecho. Lavinia es la primera en dormirse. Drusila, además de tener los ojos abiertos, levanta el cuello y mira algo por sobre Lavinia. Después de hacer eso, apaga la luz del velador, ubicado de su lado de la cama.)

Sueño

Cuando una de ellas se dormía, la otra se mantenía despierta durante unos veinte o treinta minutos, esa era la frontera biológica y caprichosa que podía existir entre el sueño de las dos. Sigue leyendo

El que inventó la pólvora


Un cuento de Carlos Fuentes.

http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Fuentes

Uno de los pocos intelectuales que aún existían en los días anteriores a la catástrofe, expresó que quizá la culpa de todo la tenía Aldous Huxley. Aquel intelectual -titular de la misma cátedra de sociología, durante el año famoso en que a la humanidad entera se le otorgó un Doctorado Honoris Causa, y clausuraron sus puertas todas las Universidades-, recordaba todavía algún ensayo de Music at Night: los snobismos de nuestra época son el de la ignorancia y el de la última moda; y gracias a éste se mantienen el progreso, la industria y las actividades civilizadas. Huxley, recordaba mi amigo, incluía la sentencia de un ingeniero norteamericano: «Quien construya un rascacielos que dure más de cuarenta años, es traidor a la industria de la construcción». De haber tenido el tiempo necesario para reflexionar sobre la reflexión de mi amigo, acaso hubiera reído, llorado, ante su intento estéril de proseguir el complicado juego de causas y efectos, ideas que se hacen acción, acción que nutre ideas. Pero en esos días, el tiempo, las ideas, la acción, estaban a punto de morir. Sigue leyendo