María de los vientos


Maria de los vientos

Caminamos con nuestras mochilas los cuarenta y cinco minutos que separaban la iglesia de Copacabana con la zona agrícola donde vivía María. El paisaje cada vez se hacía más rural y el aire más liviano. Cambiamos vendedores de tours por ovejas,  cerdos e historias de perros salvajes.

La casa de María lucía abandonada y no era solo una imagen. Acababa de mudarse al hogar de una campesina, que le prestaba el lugar a cambio de que lo pusiera en orden después de estar deshabitado por cinco años. María abrió una puerta de madera hinchada que comenzaba a podrirse, señaló y sonriendo nos avisó:

— Esa es su habitación, van a tener que arreglarla. Yo los ayudo a limpiar. Sigue leyendo

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