La Independencia

 

La independencia definitiva de los padres se vive cuando uno siente que es autosuficiente económicamente. Por ejemplo, cuando podés gastar todo lo que querés en alcohol sin pensar que tus padres te retarían por malgastarlo de esa forma, porque ya es tu plata y no te pueden decir nada. Seguís siendo un irresponsable, pero sos autosuficiente.

 

Antes que esa independencia, hay otras. Por ejemplo, la segunda independencia llega cuando te vas de la casa de tus padres. Para los que somos de ciudades chicas este hecho llega en la mayoría de los casos cuando nos vamos a estudiar a otro lado.

Muchos estudiantes de 17 o 18 años llegan a grandes ciudades, con los padres que los van a ayudar a acomodar muebles recién comprados o heredados. Tienen la mirada asustada, la cara todavía con acné juvenil y se preguntan cómo se hace un huevo frito. Llegan un par de días antes de arrancar el cursillo de ingreso, para adaptarse y los padres se van 2 o 3 días después, cuando el nene o la nena ya saben cómo ir solos a la facu.

El segundo fin de semana tienen la fiesta de bienvenida que organiza el centro de estudiante para todos los ingresantes y cumplen con su primera borrachera de grado universitario. Y recién ahí, mucho antes de haber aprendido a planchar o cocinar, entienden que son independientes. Comprenden que avanzarán o no en su carrera por su propia decisión, que ser independientes les dará la posibilidad de festejar todos los días que quieran sin que nadie se entere, pero también entienden que se acaban de recibir de adultos.

Para los que viven en la misma ciudad toda su vida y no necesitan irse a otro lado para estudiar esa segunda independencia es mucho más tardía. Llega con un matrimonio de la mano. Hay gente que jamás vive sola. Desde que nacen hasta que se casan viven con sus padres. Desde que se casan hasta que se separan viven con su pareja. Desde que se divorcian hasta que se vuelven a juntar, vuelven a vivir con los pobres padres.

Esta gente nunca vivió cosas hermosas que los que hemos vivido solos conocemos muy bien. Por ejemplo, jamás se han sentado a usar un inodoro con la puerta abierta, no saben que se puede dejar todo tirado sin que nadie se moleste, no disfrutaron de llevar un/a chico/a a la casa sin importar el nombre, algo que difícilmente se puede hacer cuando vivís con tus padres y mucho menos cuando vivís con tu pareja.

 

Pero la independencia que más disfruté fue la primera. Para mí se empezó a gestar en el verano del 89 en el club Democrático Español de Sáenz Peña. Ese temporada íbamos casi todos los días a tratar de no sufrir tanto el calor y mi familia aprovechaba las largas tardes para enseñarme a andar en bicicleta. Como con todos los niños, primero sacaron una ruedita, hasta que vieron que hacía equilibrio. Practicaba dando vueltas alrededor de un gran cantero que había cerca de la pileta hecho con piedras. Luego sacaron la segunda ruedita y me acompañaban sosteniéndome de atrás. Cuando parecía que estaba todo listo me soltaron y pude dar vueltas alrededor del cantero sin ayuda ni problemas. Así como Argentina tardó 6 años en conquistar su independencia, la mía comenzó en ese verano del 89 y terminaría de afianzarla recién 4 años más tarde.

Otra ventaja que tenemos quienes nacimos en pequeñas ciudades es que podíamos andar en bici a cualquier hora del día por nuestra vereda. Las primeras hazañas independientes son en la propia cuadra, donde se nos pueda ver. Así tuve mi primera carrera contra un viejo que pasaba todos los días frente a casa. En la esquina había una casa abandonada y la vereda era más alta que el resto de la cuadra, cuando levanté la rueda delantera para poder subir y tratar de ganar la carrera se me cortó la horquilla y casi me mato.

La segunda instancia libertadora con la bici se da cuando te dejan dar la vuelta manzana. Ahí es cuando se empieza a jugar al ring raje y se descubre que el mundo es más grande y que del otro lado de la manzana hay más amigos para jugar.

Y la primera independencia definitiva llegó a los 8 años. En tercer grado empecé a ir solo a la escuela. Iba y volvía todos los días montando mi bici, excepto los días que me olvidaba que había hecho la ida en dos ruedas y me volvía caminando. Después de un período de prueba en el que demostré que podían confiar en mí, a pesar de mis olvidos, pude comenzar a ir solo al club y a lo de mis amigos.

Nada permite crecer ni madurar tanto como la libertad y la independencia. Por eso deseo que dentro de unos años pueda vivir en un lugar donde mis hijos paseen solos, que vayan a buscar a sus amigos en bici y vayan a hacer travesuras sin que me entere. Y que puedan contar orgullosos:

— Este yeso me lo tuvieron que poner porque hice Willy con la bici, me caí y me rompí el codo.

Y yo me sentiré un hermoso padre cuando le esté lavando los raspones de la pierna y le pregunte qué te pasó y me diga:

— Me estaba haciendo ver con una nena, coletié muy fuerte y me caí.

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2 comentarios en “La Independencia

  1. La añorada infancia, se vuelve a vivir con los hijos y sobrinos, disfrutando esos pequeños y mágicos momentos que te regalan día a día. Precioso cuento. Tengo la certeza que vas a ser un hermoso padre.

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