El arquero del 1-10

Cuando pensamos en el mundial de España 82, los argentinos recordamos que el país estaba viviendo la guerra de Las Malvinas y que el equipo decepcionó quedando eliminado más rápido que lo que cualquier especialista hubiera vaticinado para el último campeón, que llegaba reforzado con el mejor jugador del mundo.Guevara mora

Pero hubo otra selección que se cruzó en el destino de la Argentina y que también vivía una guerra, mucha más sangrienta y que también defraudó a sus hinchas. La guerra civil en El Salvador empezó en 1980, y venía cultivándose desde hacía muchos años de la mano de la guerra fría. En un país que tenía cuatro millones y medio de habitantes murieron en 12 años setenta y cinco mil personas. Miles de familias emigraron y otras tantas quedaron mutiladas para siempre.

En ese clima áspero, el fútbol nunca se detuvo. Acá podemos ver otro cruce con la Argentina, donde incluso el mismo fin de semana que se ocuparon las islas se jugó la fecha del campeonato de primera.

En El Salvador dicen que los estadios eran el único lugar donde ejército y guerrilleros convivían en paz. Especialmente cuando jugaba su selección. Hasta ese momento solo había clasificado al mundial de 1970 en el que habían ocupado el último lugar en el ranking. A pesar de su pobre historial futbolero, los habitantes aman y se fanatizan por el deporte. Por eso no era de extrañarse que siguieran con tantas expectativas esas eliminatorias en las que la selección llegaba con chances a los últimos partidos.

Como a cualquier ciudadano, los jugadores constantemente eran detenidos por la policía para pedirles los documentos. Cuando los reconocían los liberaban rápido para que pudieran ir a entrenar o a concentrarse para los partidos. Ni si quiera ser famosos los salvaba de quedar en el medio de tiroteos. A veces tenían que avanzar arrastrados por algunas cuadras para no recibir un balazo y poder entrenarse con la camiseta de la selección.

El equipo había clasificado a la liguilla final. Perdió el primer partido con Canadá y el segundo era contra México, el máximo candidato. Los mexicanos para dar a entender lo poco que sabían los salvadoreños de fútbol, dijeron que en el caribe se jugaba con pelotas cuadradas. Eso encolerizó a los salvadoreños que odian a los mexicanos. Parece que los países ricos de arriba van tirando mierda para abajo, y así como los mexicanos se sienten despreciados y humillados en Estados Unidos, los salvadoreños sienten ese desprecio de los aztecas. Ese odio lo usó la selección del Salvador para motivarse en el partido más difícil que tenían.

— ¿Tienen parientes que han ido a trabajar a Estados Unidos? ¿Pasaron por México? Bueno, piensen en cómo trataron a sus parientes, recuerden como los bolsearon, les robaron, les pegaron y humillaron en México. ¿Quieren que esos tipos les ganen? —les dijo un psicólogo antes de salir a la cancha.

El partido se disputó en un cuadrilátero de box, donde todos intentaban golpear a Hugo Sánchez, la figura de la tricolor. El Salvador ganó la pelea 1-0. Era tan importante lo que habían conseguido que festejaron, en el estadio y en las calles, como si ya hubieran clasificado, pero faltaban varios partidos todavía.

En la última fecha ganaron por segunda vez en la liguilla y los aztecas empataron el suyo. Habían hecho historia, clasificaban al mundial y dejaban afuera al más grande de la zona.

Hay un tercer cruce con la Argentina. En la etapa de preparación para la copa del mundo jugaron amistosos contra Boca, San Lorenzo y Talleres. Perdieron los 3 partidos. Maradona les hizo 2 goles.

Jugaron tantos amistosos que llegaron al momento cumbre cansados y con varios lesionados.

Dicen los salvadoreños que el período que vino después de la clasificación fue uno de los de menor violencia, porque la gente estaba más feliz y los ánimos estaban más calmados.

Estos tipos que eran vistos como héroes estuvieron desde enero del 82 hasta que viajaron al mundial sin cobrar su sueldo. Hasta unos días antes de tomar el avión nadie garantizaba que pudieran ir, ya que no se sabía de dónde saldría la plata para los pasajes. Hubo donaciones y hasta los propios jugadores pusieron dinero para poder volar a Europa. La federación hizo viajar a 2 jugadores menos para poder llevar a amigos, así que el plantel llegaba reducido antes de llegar.

Estuvieron rebotando por aeropuertos durante 48 horas. San Salvador, Guatemala, Managua, Santo Domingo, Madrid. En España era tan poca la fe que le tenían a la llegada de El Salvador que el colectivo que tenía que ir a buscarlos al aeropuerto estaba pintado con los colores de México, que sería quien los reemplazaría. No los alojaron en un hotel, si no en un campo de tiros, a donde los españoles iban a practicar tiro al plato. La federación les dio siete juegos de camiseta pero después les sacaron seis, y les prohibió cambiarla con los rivales. No tenían suficiente pelotas para practicar ni ropa de práctica. En las fotos de esos entrenamientos parecía un grupo de amigos que se juntó para representar a un país pobre. La prensa española los veía como un grupo guerrillero, y en las cenas formales con otras selecciones no les preguntaban por cómo era el fútbol de su país, sino cómo era vivir en guerra. Nadie los veía como futbolistas.

Llegó el día del debut. El primer partido era contra Hungría que había clasificado primero en su grupo de eliminatorias, pero ellos no conocían al rival, ni su calidad ni su potencia. Pensaron que si estaban en un mundial serían tan buenos como ellos.

— Nosotros fuimos a atacar a los reyes del contraataque —no se cansa de repetir como un latiguillo Luis Guevara Mora, el arquero que tuvo que ir a buscar la pelota adentro de su arco 10 veces.

El Negro, como lo conocen en El Salvador, está considerado el mejor arquero en la historia de ese país, sin embargo la mayoría lo conoce por una sola cosa: es el arquero del 10-1, el guardameta que más goles recibió en un partido de un mundial.

Él prefiere presentarse como el arquero más joven en debutar en un mundial. Tenía menos 18 años cuando debutó en España, aunque falseo sus datos diciendo que era mayor para poder cobrar los viáticos. Hasta los 14 años había jugado al beisbol y al básquet. El fútbol no le llamaba mucho la atención, un amigo lo había llevado a entrenarse cuando era chico y había jugado de delantero. A los 14 volvieron a convencerlo de ir al club Platense de Zacatecoluca. Antes de los 15 ya jugaba en el equipo de primera.

Su maestro fue otro gran arquero salvadoreño, la Araña Magaña, quien al ver las condiciones de Guevara Mora, pero el poco interés que tenía en el fútbol transformó movimientos del beisbol en jugadas de portero. Los que saben del tema dicen que le daba ejemplos para moverse como jardinero cuando venía un centro, corriendo hacia atrás con la vista al balón, a embolsar abajo el balón, como un paracorto.

El técnico de la selección lo consideraba el máximo responsable de la clasificación, por eso después del 10-1 lo respaldó y jugó los dos partidos que quedaban.

— Entrenaba muy al margen del resultado anterior.  Tenía la cabeza dedicada a pensar en jugar bien con Bélgica y contra Argentina —declara El Negro, explicando que por su juventud en ese momento no se dio cuenta que el resultado se viviría como una tragedia y que lo marcaría para siempre.

Se sentía con tanta confianza que después de la goleada todavía pensaba que podían clasificar a la segunda ronda. Esa misma confianza es la que les jugó en contra durante el partido. Cuando El Pelé Ramirez Zapata hizo el único gol en la historia de El Salvador en los mundiales, el equipo se puso 1-5, y algunos comenzaron a hacer cuentas pensando que tenían chances de empatarlo.

— Desconocíamos el rival. Solo habíamos visto un video de ellos y pensamos que podíamos jugarle de igual a igual —cuentan los jugadores, siendo esa la principal excusa de la goleada sufrida.

Un español les vendió un video en el que los húngaros le hicieron 5 a España. Vieron el video y se fueron a dormir sin analizarlo ni charlar de la estrategia. Y así salieron a jugar, como si el rival no fuera gran cosa. De igual a igual, esa parece ser la clave.

Al día siguiente del 10-1 los más veteranos del plantel hicieron una reunión y dijeron que no podían volver a salir a jugar con tanta inocencia, que por lo menos no volverían a sufrir un papel igual.

Mora dice algo más cada vez que puede:

— Perdimos por valientes, por salir a jugar de igual a igual. La misma valentía que tuvimos para quedarnos callados después del partido y nunca reprocharnos nada entre nosotros.

Tampoco conocían a Bélgica. Pero el partido fue más parejo, de hecho El Salvador pudo ganar el partido, pero terminó con derrota 1-0. El arquero belga le regaló los guantes como gesto de respeto y de respaldo. A pesar de todo Mora estaba haciendo un gran trabajo en el mundial.

El cuarto cruce con Argentina terminó con el tercer encuentro perdido y la despedida del mundial. Los últimos campeones le ganaron con un gol de penal (injustamente cobrado) de Pasarella y otro de Bertoni.

Ellos soñaban con jugar con nuestra selección, que era campeona del mundo y tenía al mejor jugador del momento. Los salvadoreños dicen que a pesar de la cantidad de fulles que le hicieron, Diego jamás los insultó, se bancó cada patada que recibió. El único que les decía “Guerrilleros hijos de puta” era el Tolo Gallego.

A la vuelta del mundial fueron tratados como si fueran traidores a la patria. A Guevara Mora le rompieron la valija y lo insultaron apenas se bajó del avión. Él podía sentir el odio en las miradas ajenas.

La federación les prohibió a los clubes contratarlos. Muchos de esos muchachos dejaron el fútbol para siempre, tenían menos de 30 años.

Eran tiempos violentos, en un país donde era bastante fácil conseguir un arma. Al joven arquero lo interceptaron en su auto y le tiraron 22 balazos.

— Ni uno solo impactó en mí. Me salvé de milagro.

Le recomendaron que se fuera del país. Prestó sus guantes al Murcia de España y al Buffalo Stallions de los Estados Unidos. Volvió al país en el 84. A pesar del tiempo que había pasado seguía siendo juzgado como responsable de la peor humillación deportiva del país. El director del documental UNO, que habla del único gol en la historia de la selección en un mundial, recuerda que cuando tenía unos 8 años, estaban en la tribuna de un circo y Mora se acercó a saludar a su padre que era dirigente de fútbol y la gente insultaba al arquero frente a su esposa y sus hijos.

En el 89 volvió a emigrar, esta vez no solo porque la gente seguía siendo hostil.

— No me fui de El Salvador por temor a mi vida, no.  Y eso que me  ametrallaron el carro y yo estaba adentro.  Me hicieron mil y una cosa.  De  hecho, me fui porque encontré al presidente de la federación cabildeando votos para ser presidente de la UNCAF y vendiendo la selección, vendiendo un partido acá, y lo denuncie.  Tuve que salir a Guatemala, aquí no me dejaban trabajar.  Me iban a castigar de por vida.  Me tocó irme.

Volvió en el 94. Desfiló por varios clubes locales y siguió defendiendo el arco del país hasta el 96, cuando la selección se quedó afuera del mundial de Francia 98.

En los últimos años se reivindicó a toda esa selección, y Guevara Mora es considerado el mejor arquero del país. Jorge “El Mágico” Gonzalez era comparado con Maradona por su calidad para jugar. Cuando el director del documental le preguntó al técnico del 82 quien fue el jugador más importante de ese equipo pensó que la respuesta del DT sería lógica y automática, pero se sorprendió al escuchar:

— No, es sumamente sencillo. Nosotros no hubiéramos ido al Mundial si no hubiera sido por Luis Ricardo Guevara Mora.

El mismo optimismo que tenía después de perder 10-1, pensando que todavía podían hacer un buen mundial, lo sigue teniendo ahora. Cuando empezó el mundial de Brasil en el 2014 lo entrevistaron en un programa de radio.

— Cada vez que empieza un Mundial me acuerdo de las cosas lindas que pasaron y nunca de las feas. De que la clasificación fue una alegría para todos los salvadoreños que vivían tiempos muy tristes con la guerra. Y el fútbol fue casi una isla en todo ese conflicto.

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Un comentario en “El arquero del 1-10

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