Anécdotas infantiles

Una caricia divina

Cuando uno es niño no se da cuenta que es malo. Incluso cuando nos acusan de serlo creemos que nos juzgan injustamente. Nos cuesta entender que no es gracioso romperle todos los lápices a un compañerito. Nos  parece raro que un adulto no se ría a carcajadas de un niño que se cayó porque le pusimos una zancadilla. Miramos sin culpa al nene que se refriega la rodilla lastimada y se palpa las manos raspadas riéndonos hasta que un adulto nos mira serio y nos da una lección a los gritos de que eso no se hace.

Recién cuando uno crece y ha entendido lo que es la rebeldía bien encaminada, y la puede separar de lo que es la estupidez adolescente, empieza a tener remordimientos. Hay cosas casi olvidadas y que van apareciendo en cierto momento de la vida sin que sepamos por qué, como cuando le pegábamos entre…

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