Increíble (III)

— ¡Gómez! Venga para acá, Gómez –llamó el jefe mientras se levantaba las mangas de la camisa y se secaba la transpiración de la cara.

— Si jefe, ¿có có cómo le va? –saludó el empleado mientras movía nerviosamente los ojos y el cuello.

— Otro lunes, otra vez tarde, Gómez.

— Si jefe, tiene razón. Ya no sé co co como disculparme. Es una co co cosa de no creer, ya lo sé.

— ¿Qué  le  pasa  Gómez?  –preguntó  el  jefe,  inclinando  la  cabeza  hacia  un  costado  y entrecerrando los ojos, en una clásica expresión de “¿qué carajo le pasa a este tipo?”—. Encima de llegar tarde, ¿se hace el tartamudo?

— No, no me hago. Pero no sé si me va a creer lo que me pasó.

— No creo Gómez, pero igual cuénteme qué le pasó esta vez.

— Co co como últimamente los fines de semanas venían muy co co complicados, mi mujer para que me relajara un poco co co, me invitó el sábado a ir a ver un mago al teatro.

— ¿Un mago?

— Si, si. Se lo había reco co comendado un co co compañero, le dijo que era bueno y que hacía hipnosis co co con el público co co. Eso a mí siempre me interesó mucho, así que fuimos.

— ¿Y?

— Fuimos al teatro el sábado a la noche, estaba  co co colmado de gente. Repleto estaba, se ve que era muy famoso el tipo este.

— Vamos al grano Gómez, por favor.

— Co co como no, jefe. La co co cosa es que el tipo hizo varios números típico co cos. Sacó có có un co co conejo de la galera, adivinó números de cartas, hizo aparecer palomas, o sea varias boludeces.

— ¿Y?

— Después de un co co corte, volvió y empezó la segunda parte que era la de hipnosis. Pasó un tipo y lo hizo dormirse y después le dijo que cuando co co contara hasta tres, se iba a co co convertir en un perro. El loco co co, co co contó hasta tres y el otro tipo se puso en cuatro patas y empezó a ladrar y gruñir co co como un loco co co. Hacía que meaba levantando la pata, se rascaba la oreja co co como si tuviera pulgas. Daba vueltas tratando de alcanzarse la co co cola para morderse. Todo el mundo se reía, mi mujer parecía estúpida co co como se reía. Era evidente que estaba imitando a un perro estúpido. A mi me causaba gracia, pero no para tanto, entonces le pregunté a mi mujer: “¿Có có cómo no te das cuenta que está todo armado?”. Y después le dije que seguro que el co co cornudo que hacía de perro era co co compinche del mago. Ella se enojó un poco co co y me dijo que si eso era verdad que yo me ofreciera para pasar.

— ¿Y pasó?

— Cuando el otario dejó de ladrar, el chanta del mago preguntó quien se ofrecía para otro acto y la muy…mi mujer empezó a gritar: “Acá, acá. Él, él”.

— ¿Y usted qué hizo? –preguntó el jefe.

— Me aco co cobaché un poco co co entre las butacas, pero el tipo vino, me agarró, pidió aplausos y no se cuantas payasadas más.

— Jajaja, ay ay ay Gómez. ¿nunca pensó en dedicarse a contar cuentos? –preguntó el jefe que se veía realmente divertido con la historia de Gómez.

— Có có có mo para co co contar cuentos estoy –dijo Gómez con un gesto ampuloso de angustia.

— Está bien, Gómez. ¿Qué pasó después?

— El mago me hizo co co correr hasta el escenario y después empezó a co co contar lo que iba a hacer. Dijo que iba a co co contar hasta cinco co co y que yo me iba a convertir en una gallina. Me pidió que cerrara los ojos y co co comenzó a co co contar, yo empecé a sentir sueño y después no me acuerdo de nada.

— ¿En serio, Gómez? —preguntó con una mueca irónica el jefe.

— Si, si. Mire que yo también siempre fui bastante escéptico co co de todo eso, siempre creí que eran unos chantas estos tipos.

— Bueno, siga Gómez.

— Dice mi mujer que cuando el tipo llegó a cinco co co, yo me tiré al suelo y empecé a pico co cotear el escenario. Según ella, él dijo: “cada vez que quieras decir una palabra que co co contenga la sílaba co co co (pero una sola vez la dijo él), vas a cacarear co co como una gallina”.

— ¿Y por eso usted habla así?

— Claro –respondió el empleado, ofuscado y con un gesto de “qué pregunta estúpida que me está haciendo”.

— ¿Y qué más lo hizo hacer?

— Caminé aleteando co co con los co co codos para afuera y dando gritos de co co coroco co co y pico co coteaba el escenario y buscaba lombrices, por eso tengo toda la nariz moretoneada. También hacía fuerza para poner huevos, y…y…

— ¿Qué pasó, Gómez? —preguntó ya no tan divertido el jefe de Gómez.

— Y…y me desgracié –confesó triste y en voz baja Gómez.

— Por Dios, Gómez. Que asquerosidad.

— Si, al sentir el olor el mago, co co contó rapidísimo para desencantarme, pero contó hasta tres nomás. Parece que por eso el efecto no se borró del todo.

— ¿Pero usted ya está bien?

— Si, si.

— Y entonces, Gómez, ¿por qué volvió a llegar tarde hoy?

— Pasa que de nuevo tengo el auto en el taller.

— ¿Y?

— Y entonces vine en co co colectivo.

— Pero mucha gente viene en colectivo y no llega tarde.

— Si, si. Pero estaba preguntándole al co co colectivero si venía hasta el barrio Co Co Cofico co co, y tardé tanto en preguntar, que el tipo con la aco cocostumbrada simpatía de co co colectivero se calentó y aceleró co co con todo y terminé arrastrado por la quinta fila del co co colectivo.

— Diga bondi mejor Gómez, así la hacemos más fácil.

— Bueno.

— ¿Y cómo termina esta historieta?

— Volví hasta donde está el co co colectivero…

— Diga chofer Gómez.

— Bueno. Volví hasta donde está el chofer y arranqué a decirle: “Tome el co co cospel”, y el tipo de nuevo arrancó có có y otra vez terminé revolcado entre las patas de los que van parados, que son co co como cuarenta siempre. Y así me trajo el desgraciado hasta acá, yendo y viniendo todo el tiempo por el piso del bondi.

— ¿Y?

— Y cuando quise tocar el timbre para que pare, el tipo me frenó de golpe y terminé sentado arriba de un señor que casi me revienta y entonces me pasé un par de paradas peleando co co con el tipo ese.

— ¿Y por eso llegó tarde?

— Claro jefe, por el co co colectivo, ¿por qué va a ser?

— Vaya Gómez, cada vez tiene menos crédito, vaya y trabaje una vez, por favor. Vaya Gómez.

Ver capítulo anterior: Increíble (II)

Próximo capítulo: Increíble (IIII)

Anuncios

3 comentarios en “Increíble (III)

  1. Pingback: Increíble (II) | Una caricia divina

  2. Pingback: Increíble (IIII) | Una caricia divina

Hablemos como en casa, a calzón quitado. Comentá lo que quieras.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s