Feliz cumpleaños para mí

Feliz cumpleaños para mí

 

Hay gente que se alegra cuando ve venir su cumpleaños. Se emociona como una flor que siente que está por salirle nuevos pétalos. Empieza a planear la o las fiestas dos meses antes. Les encanta tener una excusa para celebrar, para festejar. Siempre tienen amigos para llenar cualquier lugar que elijan para celebrar. Ese día se lo verá feliz al cumpleañero, yendo de un grupo de amigos a otro. Tendrá un freezer lleno de bebidas que cada uno se servirá cuando quiera, sintiéndose como de la casa, comprará toda la comida que haga falta, alguien le regalará la torta y él o ella disfrutará del aniversario de su natalicio como un chancho.

 

En la otra punta  tenemos a los que se angustian un mes antes. Se deprimen pensando en que serán un año más viejos. Este extremo emocional es más frecuente en mujeres, pero no es excluyente de este género. Los más profundos piensan en lo efímero de la vida, un año más-un año menos. Imaginan cuantas arrugas nacerán ese año en su rostro. Hasta se lamentan por las oportunidades que perdieron o las que nunca  tendrán.

Los cumpleañeros depresivos también usan esa fecha especial para hacer balance del año que pasó, con sus logros y principalmente con sus decepciones. Suelen terminar el balance con un bufido y un resoplido similar al que hace un boxeador que tiene el tabique quebrado.

Después de cierta edad piensan cuantos amigos y parientes ya han hecho el último viaje y han dejado de cumplir años y terminan la reflexión diciendo: “Que solo que estoy”, o peor, diciendo: “No somos nada. Hoy estamos y mañana…”.

 

Lamentablemente yo no estoy en el primer grupo y por suerte no estoy en el segundo. Yo tomé un camino alternativo en la ruta emocional y me paré en una tercera posición, A mí los cumpleaños me aterran. Me producen miedo. Miedo y ansiedad. Una ansiedad espantosa por ver se mi cumpleaños va a ser un fracaso con tres invitados ocasionales y casi desconocidos o si la pasaré bien y estaré rodeado de amigos. Y ese miedo es un pánico a revivir fracasos anteriores. A quedar solo como en los festejos de la niñez.

No voy a martirizarme diciendo que mi niñez fue horrible. No, simplemente fracasaba como cumpleañero. Hasta los 17 años diría que me fue bien en unos tres o cuatro cumpleaños. Sacando los primeros cinco que no me los acuerdo, diría que tres, o cuatro de doce es bastante malo.

Podría decir que tenía mala suerte, o atribuir la falta de convocatoria a la coincidencia de la fecha de mis festejos con el fin de semana largo de mayo o con la FERICHACO, único evento grande en la ciudad en todo el año. O podría argumentar que los demás eran malos, pero sería olvidarme de mí y desligar responsabilidades. No era un mal chico, creo. Pero era insoportable. Era de los que estiraban el elástico a las nenas cuando jugaban a saltarlo, les sacaba las prensitas y las colitas del pelo, ponía zancadillas, escondía cuadernos y todas esas estupideces que de chico parecen tener cierta gracia y que cuando se las recuerda de grande nos dan vergüenza y ganas de haber sido otra persona, un ser maduro de 8 años.

Y tenía algo peor, desarrollé el sentido de la ironía y la contestación rápida de forma precoz. Recuerdo una vez en la pileta del Club Democrático que una chica que pasaba a mi lado dijo: “Enano de mierda” y yo respondí: “Chupame la pija”. Ella me miró y con un tono de superación me dijo: “¿Te creés que sos el único enano de mierda?” Entonces, sutilmente le contesté: “¿Y vos te pensás que sos la única que me chupa la pija?”

Para ser un enano de 7 años no estuvo mal la respuesta. Sin embargo, ese tono y esa forma de expresarme no era entendido por todos como una gracia. Eso lo noté recién después de los 20, cuando me di cuenta que me costaba hacerme nuevos amigos en la facultad y que la primera impresión que daba era la de ser un pibe forro que se creía más picante que el resto. Pero es solo una forma de hacer bromas.

Claro que todo eso que entendí a los 20 no me sirvió para hacer amigos a los 8 o cumple19. Entonces en mis cumpleaños siempre sobraban golosinas y las bolsitas con sorpresitas. Una de las veces, creo que en segundo grado, las nenas del aula directamente no me querían recibir la tarjetita con la invitación. No recuerdo por qué estaban enojadas conmigo. Después, supongo que por lástima, me dijeron que bueno, que a lo mejor iban. Sentí una vergüenza enorme porque con la ayuda de algunos varones les había puesto la invitación adentro de las mochilas a todas. El plan era que los padres encontraran las tarjetas y obligaran a sus hijas a ir. Al final ese fue uno de los cumpleaños copados, hubo bastante gente y nos divertimos mucho.

 

 

cumple2 Ligué una camioneta tipo F100 Duravit.  Me acuerdo que Robertito Erceg, que fue quien me la regaló, por manejarla sin mirar para adelante se chocó una pared y le quedó el ojo morado.

 

 

 

 

El peor de los cumpleaños fue en sexto o séptimo grado, todos dijeron que irían. cuento3Mi hermano, que andaba de visitas por El Chaco, hizo como cuarenta chorizos y al final éramos cuatro. Mi familia comió choripanes toda la semana.

Los mejores festejos que tuve de chico fueron los que hacíamos en el club. Mi viejo nos llevaba en el auto en un par de viajes, se encargaba del asado y, si podía, se prendía en el picadito. Eran horas de fútbol y amigos.
 

cumple4Tal vez uno de los más lindos fue el único que pasé en Sáenz Peña desde que vine a vivir a Córdoba. A esa altura de mi vida ya había decantado a los que me rodeaban y había elegido a los que me rodearían. Ya tenía definido quienes serían mis amigos de toda la vida. Y esa noche estaban casi todos.

 

El balance del resto de los cumpleaños, los de la era universitaria y posteriores, tienen un resultado neutro. Siempre caen en la semana de mayo, tan esperada por todos para volverse a sus pueblos y ciudades. Han alternado buenos y malos, y acá sin medirlos solamente por la cantidad de gente sino teniendo en cuenta con quienes los pasé.

Por eso cada vez que se acerca el 19 de mayo empiezo a sentir escalofríos, comienzo a palpitar ese miedo al fracaso, terror a sentirme de nuevo un paria social sin amigos. Y ahí en esos días previos es que la cabeza se me llena de preguntas. ¿Lo festejo o no? ¿Para qué? ¿Con quién? ¿Y si no viene nadie y me sobran los choripanes y las sorpresitas?

 

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