Argumentos novedosos

Mi editor al revisar mi último material descubrió que hacía unos veintitrés meses que no le mandaba  nada,  así  que  me  conminó  a  que  escribiera  algo  pronto. Como  no  tenía  nada preparado decidí mandarle algunos argumentos que podría desarrollar fácilmente después, si me lo pedía.

Para resumir, estos fueron rechazados, así que jamás se convirtieron en cuentos y sólo quedaron en pequeños argumentos.

Las aventuras de dos idiotas

La historia trata acerca de un hombre que se vuelve loco y se cree un justiciero. Antes de emprender su viaje por la región, buscando ajustar cuentas contra diferentes delincuentes y conquistar amores, convence a su vecino de que lo acompañe por esta excitante aventura. Este segundo hombre es un gordo desocupado que desea estar lejos de su casa porque no aguanta a su mujer. Durante el viaje, el gordo que es bastante corto de genio termina creyendo que el personaje que lo convocó es un verdadero justiciero y empieza a creer que está cuerdo.

Finalmente, después de recibir grandes golpizas en diferentes barrios y villas se vuelven a sus casas en la que agonizan un par de semanas hasta morir por culpa de los golpes recibidos.

Una historia de amor complicada

En un barrio fino de la ciudad había una vez una parejita de jóvenes que se enamoraron perdida y estúpidamente, Marcelo Romero y Julia González. La familia Romero nunca quiso a la familia González porque sólo tenían un auto y su casa no estaba construida con un techo a dos aguas, mientras tanto los González nunca quisieron a los Romero, porque estos eran peronistas. Esto no importó a los jóvenes que además de ir juntos al colegio vivían en la misma cuadra.

Llegó un momento en que ya no pudieron ocultar su amor. Cuando todos se enteraron fue un verdadero revuelo el que se armó en el barrio. Después de muchas idas y vueltas y muchas peleas ella terminó embarazada y él se desapareció del barrio y tal vez del país. Los Romero siempre aseguraron que su hijo se había ido humillado porque el hijo era de otro y los González dijeron que los peronistas siempre son iguales, te la ponen, se van y la culpa es de otro. Después de un par de giros dentro de la historia, la pareja Julia y Romero se terminan suicidando con una sobredosis de alguna sustancia que la policía prefirió no revelar.

 

El living y las sospechas

En  una  casa  muy  grande,  en  una  noche  tormentosa  se  vieron  reunidos  todos  los sospechosos de un asesinato y un audaz inspector que de casualidad andaba por el barrio, vio luz y subió.

Luego de indagar a cada uno por separado e inspeccionar cada recoveco de la casa y mirar el cuerpo descuartizado que estaba guardado en el cesto de la ropa sucia, vuelve al living y convoca a todos los presentes en la casa (con excepción de la muerta, obviamente) y comienza a sacar sus conclusiones del caso. De pronto empieza a caminar rodeando la larga mesa en la que están todos sentados y se para detrás de un hombre y dice: “ahora les mostraré las manos manchadas de sangre del culpable”, le agarra los brazos al hombre que tenía delante, se los sube y quedan al descubierto las manos que tenía guardadas en los bolsillos. En ese momento vuela por el aire un portaligas que el hombre estaba ocultando junto con sus manos. De inmediato la esposa de este grita: “hijo de puta a vos también te voy a matar como a la otra yegua”.

En ese momento el inspector sonríe, afirma que el caso está cerrado y se va fumando una pipa, dando pequeñas tosidas.

 

Al leer estos argumentos iniciales, el  editor me dijo que renovara los temas de mis cuentos, que tratara de innovar, que la gente está buscando cosas nuevas, así que me dispuse a preparar algunos argumentos que me parecieron más interesantes para desarrollar.

 

El hombre que no quería volar

Una vez escuché que había un hombre que volaba, pero de forma involuntaria. Es decir, que él no quería volar, pero cada vez que hablaba se elevaba. Lo que le tría muchas complicaciones, ya que cada vez que hablaba con una señorita se comenzaba a alejar hasta que ya no las podía escuchar, o debía callarse para disminuir la altura de su vuelo, lo que muchas veces hacía que las muchachas tomaran su silencio como falta de interés en la charla.

También se le complicaba en las entrevistas de trabajo. En más de una empresa no lo han tomado y lo han echado enojados porque se elevaba y rompía ventiladores o focos puestos en los techos.

 

Puflito, el gangoso

He escuchado muchas historias de perros que hablaban, pero nadie contó la pobre historia de Puflito, un chihuahua con una gran capacidad de análisis y capaz de mantener charlas sobre diferentes temas filosóficos por horas, pero que por un defecto de nacimiento era gangoso. Ese problema se sumó a la voz chillona que caracteriza a esta diminuta raza canina.

Todo esto hizo que Puflito fuera el hazmerreír de todos los perros del barrio hasta que decidió escaparse de la casa. Nunca más se supo del pobre Puflito.

La puerta

Dicen que existe una puerta que está cerrada sin llave, pero nadie puede abrirla porque todo el que toca su picaporte cae muerto.

La leyenda también cuenta que por el ojo de la cerradura se puede ver la cara de las pocas personas felices en el mundo.

La historia termina asegurando que quien pueda abrir esta puerta se convertirá en uno de los miembros de esa lista de gente feliz.

Lamentablemente estos últimos argumentos sí fueron aceptados por el ingenioso editor. Ahora estoy preocupado, no se como haré para desarrollar estos cuentos tan innovadores.

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