Perros del SXXI

Ropa para perrosAcaba de subir otra foto mía a Facebook. Sus amigas comentan cosas como “Ay, que divino”, y cursilerías y pelotudeces por el estilo. Por suerte mis amigos no tienen Facebook porque si no dejarían comentarios como “Qué maricón te ves con ese moño” o “Más coherencia viejo, si decís que sos un perro compórtate como tal”.

Demasiados esfuerzos hago para luchar contra los prejuicios que los humanos tienen sobre nuestra raza y no tengo ningún resultado positivo ni logro que ella cambie de actitud. Me uní a la As.Con.Im.Ga.Ca. (Asociación Contra la Imagen Gay del Caniche). Acabamos de crear un plan de lucha con el objetivo de generar una imagen más viril para nuestra raza. Estos son los principales lineamientos que seguiremos:

1)      Destruir chalecos y toda prenda que no sea necesaria. Solos e aceptan abrigos y mantitas en invierno.

2)      Cambiar la actitud histérica que nos caracteriza por algo más tranquilo, como un Collie o un Dálmata.

3)      Ladrar solo cuando sea necesario y no ininterrumpidamente con cara de loco sacado como hace la mayoría.

4)      Comenzar a practicar ladrar con voz más gruesa. Tal vez con mucha práctica y esfuerzo en tres o cuatro generaciones ya nos parezcamos a un labrador y en diez u once a un mastín.

5)      Cada vez que nos vayan a sacar fotos mostraremos los dientes y pondremos cara de horribles criaturas, como esos perritos fieros que no tienen pelo y parecen recién sacados de un loquero.

6)      Cuando nos quieran alzar para cruzar la calle, morderemos la mano que nos da de comer. Esto no nos hace felices ni nos gusta, pero tienen que entender que no somos bebés, sabemos caminar solos. Demasiado que permitimos que nos lleven con una correa.

7)      No dormiremos más sobre almohadas o camitas para perros ni en la falda de nadie.

El de la otra cuadra la viene pasando mal. Arrancó conflictuado, se llama Bladimir. Su dueña está emperrada en tratarlo como a una Barbie. Cuando tenía dos meses le puso un vestidito violeta, con esfuerzo pudo romperlo, lo raspó contra una pared y lo mordió hasta hacerlo desaparecer. La neurótica, que no supo entender el mensaje, una semana después le puso zapatillas. ¿Hasta dónde van a llegar? ¿Cómo podés sentirte perro si no podés pisar el barro, si no sentís la arena y las piedritas de la plaza, si no podés excavar y raspar el pasto? Zapatillas a un perro, hay que ser muy hija de puta.

Pobre Bladimir, tiene siete meses y ya cuenta con dos intentos de suicidio. La primera vez se mandó a la calle cuando venía un 504 viejísimo, pero este clavó los frenos y el Ruso, como le decimos nosotros, se salvó. En el segundo intento saltó del balcón del cuarto piso donde vive y tuvo tanta mala leche que cayó en el toldo que tiene el del planta baja y aterrizó en el patio. Se fracturó una pata nomás. Anduvo entablillado como un mes.

Entre todos estamos planeando algo para que se pueda fugar. La idea es bastante simple pero puede funcionar. Hay un siberiano que, como todo siberiano, es medio boludón, pero es buenísimo. Su dueño anda soltero hace como tres meses. Tino, el siberiano, va a usar su fuerza para tironearlo hasta cerca de la dueña del Ruso y si todo sale bien se van a poner a charlar de sus perros (siempre lo hacen y nos hacen pasar papelones contando intimidades). Cuando ellos estén distraídos, el siberiano va a apuntar a la calle y va a correr desesperado y aullando (no sabe ladrar), cuando todo el mundo esté preocupado por él Bladimir se va a esconder en unos arbustos bien mulliditos que hay detrás de la estatus del pelado Sarmiento. Tiene que aguantar ahí hasta la noche que un callejero que usamos de espía lo va a ayudar a buscar un nuevo barrio, es tan bonito que no va a ser difícil que alguien se lo quede.

Bladimir anda triste porque no nos va a ver más, pero lo convencimos que es lo mejor para él y que ya se va a hacer nuevos amigos. El barrio tiene que estar lejos como para que no lo vaya a reconocer nadie. Solo nos preocupan dos cosas del plan: que el callejero sea un doble agente y lo quiera secuestrar o violar a Bladimir; y lo otro es que el boludo de Tino no frene a tiempo y lo choque algún auto. La verdad es que tampoco estaríamos tan tristes, en este tipo de operaciones siempre hay que hacer sacrificios, y después de todo un siberiano es una raza inferior. Bien valdría el sacrificio.

Yo no la he pasado tan mal, pero sufro diarias humillaciones y vejámenes. Una vez por semana me llevan a la peluquería, creo que salvo las vedettes tetonas que veo en la tele, ningún otro ser viviente visita tan seguido a ese hijo de puta sádico armado con productos químicos y armas blancas corto-punzantes. Y lo peor no es la frecuencia ni que pierdo dos horas que podría usar para lamerme las bolas, si no todo el manoseo hostil que tengo que soportar y el look final con el que me largan. Parezco un afroamericano albino y encima me ponen un moño turquesa y salgo más perfumado que una puta barata.

Otra cosa que me enferma es la época de celos de las perras. Nos han robado toda la parte animal e instintiva. Yo no tengo que andar oliendo para encontrar a la hembra ni tengo que pelearme contra toda una jauría para ver si soy apto para reproducirme. No, a mi me hacen un Delivery, como si fuera una docena de empanadas árabes.

Ya van tres celos seguidos que me la traen a Ceci, la caniche de Pauli, una amiga de mi dueña. Todo bien, está buena, tienen lindos ojos y una buena colita, pero esa falta de animalidad y romance previo me sacan las ganas. La primera vez sí estaba a full, le eché dos seguiditos, y otro antes que se vaya. La segunda vez tiré un solo tire y después me hice el boludo, me fui al sofá y me hice el dormido. La tercera vez, la verdad que no tenía ganas, no sentía nada, pero lo hice por orgullo. No podía dejar que se vaya insatisfecha. Además eso iría en contra de nuestra lucha, jodería nuestra imagen. Y me hubiese dado mucha bronca enterarme después que la sirvió Fito, el del sexto del frete o peor, podrían entregarla a un pelotudo de otra raza, como a un Fox Terrier. ¿Sabés el deshonor y vergüenza que sentiría? ¿Te imaginás cómo se nos reirían todos los Fox Terrier en la plaza?

Para despedirme quiero hablarles a todos los pelotudos que trabajan en esas ONGs tipo “Ayudemos a los Pichichus”, “No compres, adoptá a un pulgoso” y todas esas bostas, quiero decirles que se dejen de hinchar las pelotas y que se compren una vida.

Yo entiendo que ayuden a un perrito lisiado o epiléptico, pero no todos los callejeros quieren su ayuda humanitaria. No todos los callejeros ven a esos voluntarios de “Perreando por un Sueño” como si fueran soldados de los cascos azules de la ONU, no algunos los ven como soldados yanquis rastrillando las calles de Bagdad para que no quede ni un solo iraquí.

Es verdad que el pichico rengo la pasa mal y que necesita que alguien le haga la pata, pero hay muchos que la pasan bien en la calle. Antes de adoptar, pregúntenle al perro, evalúen la cara del can y van a ver que muchos tienen cara sonriente. En serio, muchos la pasan mejor que nosotros. Comen lo que se les canta y lo que encuentran y no esa mierda enlatada que me dan todos los santos días y que ya me liquidó las papilas gustativas y la memoria olfativa. ¿Sabés cómo me gustaría chupar una costillita o probar un pedacito de carne? A veces sueño que hay una tormenta y cae granizo, pero cuando miro para arriba en vez de caer hielo caen toneladas de Dogui y llueve tanto que termino ahogándome en un mar de comida nutritiva, saludable y aburrida.

Otra ventaja que tienen los callejeros es la libertad que tienen para ir a donde quieran y juntarse con quien se les antoje. Vos ves que te cruzan y te miran despectivos los mugrientos, escaneando con la mirada desde tu collar hasta la mano que sostiene tu correa, luego sonríen, mueven la cola y se van, mean un árbol y desde lejos, mientras rompen una bolsa de basura, se dan vuelta a mirarte otra vez. Si van dos, cuando te ven se susurran algo y se cagan de risa. Casi puedo escuchar el diálogo.

–          Mirá cómo lo llevan cortito al pelotudo.

–          Seguro lo llevan media hora a la plaza y después vuelve a su departamento cheto.

–          Y él cree que eso es la libertad.

Para no darles el gusto de verme angustiado, yo camino altivo, rozo a mi dueña que me hace mimos y les muestro el colgante dorado en el que está impreso mi nombre. Ellos nunca tendrán eso. Pero los envidio enormemente, su casa es la ciudad. Si no les gusta un barrio se van a otro y listo. Si no les gusta un grupo de perros se buscan otro, no como yo que siempre me tengo que juntar con los mismos salames de la plaza. Ya no soporto al pelotudo de Titín, un Boxer que se la pasa hablando de deportes. Todo el día hablando de que su dueño le estuvo tirando la pelotita de tenis para que él la busque o que hacía rebotar la de fútbol contra la pared para ver si él podía cortar el pase. Y te cuenta todo con detalles como si nos interesara. Basta loco, hablemos de otra cosa, qué se yo de las pulgas que cada año vienen más peligrosas, de que hizo cada uno el fin de semana, de comidas con nuevos sabores, de nuevas e inexploradas plazas, de perritas que estén en celo. Acá hago un punto y aparte, acá está el tema en el que más envidio a los callejeros.

Veo correr a esas mandas estúpidas y ciegas persiguiendo a una perra en celo y pienso qué lindo sería ser parte de una jauría así aunque sea una vez. Sí, ya sé que usted se debe estar riendo y diciendo que un caniche no la pondría nunca en una competencia tan cruel donde moja el más fuerte o el más vivo, porque no siempre monta el que tiene la mordida más grande, si no que a veces hay un vivo que aprovecha mientras todos los machos se están peleando para susurrarle cosas a la perrita y en cuanto esta afloja un poco, se la manda a guardar. Luego, cuando todos dejan de pelear y se dan cuenta de lo que pasó, el vivo desde las alturas mira a todos los giles y les muestra los dientes, pero no amenazante, si no burlón y triunfante.

No me importaría perder muchas batallas, alguna vez me tocaría a mí y esa vez sí lo disfrutaría y tendría un buen orgasmo porque sería una conquista real y con una perra de verdad, no como ahora que solo puedo moverme a esas perritas fifís que ponen cara de que no les gusta pero bien que vuelven, como la regalada de Ceci, la caniche de Pauli.

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