La radio que se…

Prendí la radio y me senté prometiéndome concentrarme en el estudio. Miré las hojas, miré la ventana, miré las hojas, miré el reloj, miré las hojas, miré la pared, y así seguí alternando durante algunos minutos hasta que comprendí que difícilmente iba a poder cumplir con mi promesa. Así que decidí cambiar el plan. Me paré para ir a prepararme un café que siempre es revitalizante.

Cuando estaba batiendo el café y sintiendo aquel aroma fuerte y dulzón, empecé a notar que el volumen de la radio comenzaba a elevarse lenta y progresivamente. Caminé hasta el aparato y bajé el volumen y noté que la frecuencia no era la misma que yo había dejado. Volví a poner la que yo había elegido anteriormente y volví a la cocina pensando que el aparato debía haberse descompuesto.

Sólo había hecho unos pasos cuando comencé a aturdirme con una música totalmente desconocida. Corrí y desenchufé el artefacto. Lo dejé desconectado unos minutos y terminé de preparar mi infusión. Una vez más lo enchufé y volví a sentarme frente a las hojas, dándole la espalda a los parlantes.

Ahora el  volumen descendió suavemente y la  estación volvió a  cambiar  y por unos segundos se escuchó solamente la estática radial, cuando tomé el control remoto del equipo, en ese mismo lugar del dial se empezó a escuchar un locutor que susurraba algo que no llegaba a escuchar desde donde estaba yo, así que intenté subir el volumen pero el control no respondía. No me quedó otra alternativa que acercarme al aparato para poder escuchar lo que decía aquel misterioso locutor.

– No vuelvas a apagarme -dijo el hombre.

No imaginé a quien le hablaba, pero después de un largo silencio la voz dijo: “¿entendiste

Nicolás?”

– ¿Me hablás a mí? -respondí con temor en la voz y en todo el cuerpo, para ser sincero.

– ¿Hay algún otro Nicolás en este departamento? No.

– ¿Quién sos? ¿Qué querés?

– Soy la radio. Y no quiero nada. Sólo estoy jugando con tu mente. Te estoy dando un buen argumento para uno de tus cuentos. ¿No te parece? Ya me imagino el título: “La radio que se volvió loca”.

– Mentira. Si sos la radio, no podés manejarte sola. Además nunca le pondría un nombre así a un cuento.

– Entonces decime vos quien soy.

– …

– Estoy esperando una respuesta.

 

Miré a mí alrededor, me dirigí a la ventana y miré si había alguien en algún departamento cercano, pero era difícil que alguien pudiera molestarme en un décimo piso. Sólo se me ocurrió una respuesta.

– La radio.

– Exacto.

– Esto no puede ser real. Estudié demasiado, debo estar volviéndome loco o me dio un surmenage.

– Nada de eso es correc…

 

Nuevamente había desenchufado el  cable  del  aparato. Pensé en  acostarme un rato  y descansar el cerebro. Dejarlo enfriarse. Pero no duré mucho acostado, no podía entender lo que había pasado. Estaba todavía confundido y sin creer que eso hubiera sido real.

Me fui otra vez hasta el comedor, agarré el cable del equipo, lo miré y dudé de volver a enchufarlo, pero me decidí por hacerlo. Agarré el control y para mi sorpresa respondió a mi orden. El aparato se encendió y estaba en el volumen y en el dial en el que yo había querido escucharlo cuando me había sentado al comienzo de la historia.

Volví a sentarme frente a las hojas,  y sólo diez  segundos después escuché una voz conocida que me decía en un susurro: “Te dije que no volvieras a apagarme. Lo que te va a matar, Nicolás, es el sonido del golpe”. Lo último que escuché fue el golpe en la puerta.

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