Una tarde aburrida

Estaba sentada en la vereda moviendo las agujas, tranquila, cada tanto espantaba los mosquitos, pero estaba todo tranquilo.

La mayoría de los vecinos siempre pasan y me miran con cara de asombro y como si estuviera loca. Yo no les digo nada porque los entiendo, ¿y cómo no los voy a entender? Hacen treinta y cinco grados de calor y yo me pongo a tejer un pulóver para mi nieto. Pero, ¿qué quieren que haga si todo es tan aburrido por acá? Esto por lo menos me entretiene, y no me hace pensar tanto en el Armando, mi marido, que se me fue hace tanto tiempo.

Como contaba, estaba tejiendo tranquila cuando llegó la Emilia. Yo sabía que iba a traer problemas. Apenas saludó, yo ya escuché que Gonzalito, mi hijo menor, resopló. Nunca la quiso a la Emilia, no porque sea mala, sino porque es pesada nomás. La verdad que a mí también siempre me cayó un poco pesada, pero ella venía y empezaba a hablar y yo la escuchaba y así la tarde se me iba un poco más rápido.

 

Estábamos tranquilos en la vereda hasta que llegó la gorda Emilia y empezó a hablar. No entiendo cómo mamá la aguantaba. Desde que saludó, yo supe que no iba a poder seguir leyendo.

 

– Buenas, ¿qué tal? ¿Cómo los trata el calor?- Empezó la Emilia.

Después de alguna cosita que le contesté, empezó su monólogo.

– A mi me está matando. Me hace de mal este clima, pero ¿qué le vamos a hacer? Nacimos acá y acá nos moriremos, ¿no? Je je je -siguió la Emilia, y yo ya supe que no la íbamos a poder parar. -No sabe Margarita cómo me duelen todas las articulaciones. La cintura dura la tengo, ¡ay! Y ni le cuento los hombros. Encima yo no tengo a nadie que me haga unos masajitos. Vos por lo menos lo tenés a Gonzalito. ¿Te hace masajes a vos?

– Eh, si, a veces -contesté.

– ¡Ay! A mi me vendría de bien tener a uno de mis hijos conmigo -dijo la Emilia mientras miraba con una sonrisa a Gonzalito. -Pero los veo cuando los voy a ver a mis nietitos nomás, porque ellos no vienen nunca para acá. ¿Viste cómo son? Tienen tantas cosas para hacer que se olvidan de que tienen una madre y si una no los llama ni se entera en que andan.

 

Yo seguía tejiendo y entre punto y punto levantaba la cabeza y la miraba, cada tanto le sonreía o le hacía algún ruido en tono de contestación, como para que sepa que la estaba escuchando. Algo como: “ajá”, “hmm” o “y sí”. Con eso ella ya se contentaba.

– ¿Te mostré fotos de mi nieto? No sabés lo grande que ya está. Ya tiene un año y medio.

¡Ay! Y no sabés como habla. El otro día me retó porque le cambié la tele. Je je je. ¿Podés creer? Yo me reí nomás, pero si nosotros llegábamos a retar a alguien cuando éramos chicos, ¡la paliza que nos comíamos! ¿Te acordás? Pero ahora está todo tan cambiado. Las cosas que ven los chicos en la tele…

 

Yo escuchaba como Gonzalito resoplaba y movía el pie nervioso. Se notaba que no aguantaba como hablaba la Emilia. Pero ella nunca se daba por entendida. No sé si se hacía la tonta o realmente no se daba cuenta de que le caía pesada. Él cerró fuerte el libro y la quedó mirando con odio. Entonces yo lo miré y con una seña nomás él entendió que se tenía que calmar y aguantarla.

 

Yo ya me iba a levantar para irme a adentro, iba a ir a leer al patio, pero mi mamá se excusó para ir al baño y no la podía dejar a la Emilia sola. Por más que ya no la bancaba, si la dejaba sola, después mi mamá me iba a retar por mal educado, así que me quedé solo con la gorda. Al minuto de que se fue mi mamá, retomó su monólogo.

 

– Ay, que calor que está haciendo, toda pegoteada estoy…Ay, como me jode la rodilla, es por esta humedad de porquería… Ay, que bárbaro lo duro que tengo el cuello, anoche no pegué un ojo por los mosquitos estos.

 

Como yo no respondía a sus quejas, atacó de frente.

– Gonzalito, ey, Gonzalito…¡Gonzalo! -terminó gritando Emilia.

La miré sin decirle nada.

 

– ¿Me harías un favor?- preguntó Emilia  y se respondió antes de escuchar respuesta de Gonzalito. -¿Me darías unos masajitos?, aunque sea un par de minutos en los hombros.

Obviamente no me interesaba para nada, pero es difícil decir que no sin hacer que la otra persona se sienta ofendida, así que la miré con odio, hice una sonrisa forzada y me paré.

– ¡Ay! Que bueno que sos, no entiendo como un chico tan bueno todavía no tiene novia. Si querés te puedo presentar a mi sobrina, es hermosa…

 

Me pare detrás de ella y miré el cuello obeso y transpirado que tenía que tocar y pensé que sería placentero estrujarlo hasta que la gorda se pusiera violeta, pero supuse que no podría hacer eso.

 

– La Laurita hace como cinco meses que está sola. El último con el que estuvo era un desgraciado. Ella lo vio con otra en …

Ya iban unos tres minutos de masajes y yo rogaba que mi mamá apareciera para poder salvarme de aquello, pero ella no volvía.

 

– En mi familia a todas las mujeres las han dejado, parece como una maldición que cayó sobre nosotras, además los hombres son todos una porquería…más abajo querido…eso…ahí, eso, eso…La Laurita es de buena, no como la hermana, ja, esa si que es atorranta…

 

Mi mamá seguía sin aparecer. Miré para la silla que había estado ocupando, vi algo que brillaba, volví la vista al cuello y me imaginé cómo se retorcería la vieja bajo mis garras. Pero por más lindo que se veía eso en mi cabeza, no me animaba a apretar el cuello ese tan fuerte como necesitaba. Volví a la realidad y ella seguía.

– Cuatro novios en menos de dos meses trajo la otra atorranta, uno era un vividor, el otro un viejo divorciado y encima…

Volví a mirar la silla y lo que brillaba sobre ella  y me decidí. Agarré una de las agujas de tejer de mi mamá y me imaginé que estaba por reventar una piñata y clavé la herramienta en aquel cuello gordo y mojado. Ella pataleaba e intentaba sacarse la aguja sin  entender qué había pasado y como era su costumbre se siguió quejando la hija de puta. Protestó hasta que se detuvieron los espasmos y los pataleos. Recien en ese momento respiré aliviado, moví su cuerpo con el pie y me senté para seguir leyendo, pero enseguida llegó mi mamá y me recriminó.

– ¡Pero mirá que sos bruto! ¿Eh? ¿Cómo vas a hacer eso? ¿Te das una idea de lo larga que se me van a hacer las tardes ahora?

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