Un bebé diferente

Se notaba que era un bebé diferente. Apenas nació cortó el cordón umbilical e inmediatamente lo ató con un nudito marinero. No hizo falta que el médico le diera el chirlo para que llorara, él solo se pellizco el bracito.

Aceptaba la mamadera con leche, pero reclamó teta hasta los cuatro años, cuando dejaron de amamantarlo por recomendación psicológica. A la psicóloga le llamaba la atención la cara de placer y el brillo de los ojos que tenia el infante al succionar los senos. Más llamativo era que el bebé exigiera, tocara y llevara la boca a cualquier seno y no solo el materno.

 

A los nueve meses, a penas sus piernas se pusieron fuertes, comenzó a caminar. Era tierno verlo caminar con las manos en la espalda y la vista clavada en el piso, con cara pensativa y gesto preocupado.

A los diez meses dijo sus primeras palabras, los padres quedaron atónitos. Frente al televisor, que mostraba imágenes de noticias terribles, exclamó con los pañales totalmente cagados: “Si seguimos así, vamos a terminar peor que los negros de Haití”.

A los once meses hizo su primer análisis político.

– En este país siempre pasa lo mismo. Nunca aprendemos de los errores y terminamos en una crisis. Ah, me hice pis.

Cabe aclarar que comenzó a ir solo al baño cuando cumplió su primer año.

 

Luego de tomar la leche materna, extasiado pedía que le convidaran un cigarrillo. Ante la rotunda negativa, no lloraba ni pataleaba como cualquier bebé, él en cambio disertaba sobre las bondades del buen tabaco.

–      Claro que el perjuicio contra el cigarrillo hace que ustedes me nieguen ese placer extra que yo exijo. Pero no debemos dejar que la inescrupulosidad de las tabacaleras, que envenenan a millones, nos prohíba disfrutar del hermoso sabor de un buen tabaco. Si en esta casa hubiera papel ceda y tabaco, yo mismo armaría mis cigarrillos, los que me darían la dosis de calma que necesito para dormir mejor después de un día tan estresante como el que vive un bebé en estos días ultra modernos. Uy, me hice caca.

Me olvidé de mencionar que por puro gusto se hizo caca encima hasta los dos años. EL mismo día de su cumple empezó a hacer caca en el inodoro, se limpiaba solo, tiraba la cadena, se lavaba las manos y hasta cambiaba la bolsa del tacho de la basura.

 

Su padre se quedó sin trabajo cuando él tenía dos años y medio y al verlo llorar con una manito sobre el hombro le dijo:

–      Papá, no hay mal que por bien no venga ni tormenta que dure cien años. Con esa indemnización podemos poner una cancha de bochas para los jubilados del barrio.

El padre se dio cuenta que no iba a ser un buen comerciante, pero si que iba a ser emprendedor, socialmente responsable y que era un bebé que sabía dar consejos.

 

Cuando tenía tres años le avisaron que tendría un hermanito.

–      Ya lo sabía –respondió-. Hace tres meses escuché los gritos de mamá y el mes pasado vi el Evatest en el tacho. Además claramente los senos de mamá están más grandes y hermosos que nunca. Ah, apropósito, nunca te pregunté papá cómo te fue en el viaje que hiciste a lo de los abuelos hace tres meses.

 

Ese fue el día en que madre se dio cuenta que era un niño muy inteligente y observador, pero también muy buchón. Ese día también fue el día en que el padre se fue de la casa.

A los seis años tuvieron que cambiarlo de escuela cuando una maestra se largó a llorar después que él le diera en el pizarrón la explicación gráfica del teorema de Pitágoras. Ella solamente la conocía por escrito y la alta complejidad de la explicación se sumó a  su depresión y el llanto estalló naturalmente.

 

A los ocho terminó el colegio secundario, sintiéndose bastante aburrido. En sus profesores quedaban algunas fuertes impresiones. Su capacidad para razonar problemas matemáticos, su claridad para argumentar ante debates y discusiones que terminaban enredando y haciendo sentir imbéciles a compañeros y profesores, la facilidad y realismo con la que contaba la historia reciente del país en sus lecciones, pero más que nada todos recordaban la fijación que tenía con la idea de tocar a sus compañeras que al comienzo lo dejaban hacer por la ternura que despertaba, pero luego comprendieron que su cara no era la de un angelito si no la de un enano enajenado y depravado.

 

Muchos estudios le hicieron. Muchas hipótesis volaron, que estaba poseído por el demonio, que un viejo fallecido en instancias dudosas había dejado el alma en su cuerpito, que había nacido con la experiencia de un galán veterano, que la mezcla de genes recolectados por la madre había creado un súper humano y algunas otras teorías ridículas.

Nada de eso importa. Lo que importa es que a los once años, después de haberse recibido de médico, dijo:

–      Me cansé de esta vida apacible, necesito conocer más de este mundo tan generoso en su inmensidad.

 

Nadie supo a donde se marchó.

Dicen que a los doce lo vieron viajando en moto por Perú, con destino al Norte.

Algunos dicen que a los trece lo vieron entrar a un burdel de Ecuador. Otros dicen que lo vieron salir a los catorce, pero ahí nomás lo vieron volver a entrar. Nunca más lo vieron salir.

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2 comentarios en “Un bebé diferente

  1. HOLA NICO.: MUYB BUENO EL DEL BEBE.BIEN CONTADO Y REAL.POR FIN PUEDO LEER ALGO TUYO.SABIA QUE ESCRIBIAS PERO NO ENCONTRABA NADA COMO ESTO.ABRAZOS DESDE ESTE FRIO SUR PATAGONICO.DANTE.

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